… cuando los ojos azabaches del joven de tez blanca se encontraron con los de ella, ambos sintieron que daban vueltas sobre su propio eje y que, de repente, sus corazones latían más fuerte de lo normal y un cosquilleo en el estómago. ¿Qué era aquella rara pero emocionante sensación? Sea lo que fuera, ellos no pudieron despegar sus miradas fácilmente.
Haruka no sabía lo que le sucedía, aquel pelinegro se le hacía tremendamente atractivo, pero no solo eso, algo de él parecía llamarla. ¿Qué era? ¿Su helada y fija mirada sobre ella? ¿Aquella soledad que reflejaba en sus orbes oscuras?
Sin darse cuenta, ella se detuvo sus pasos. Aquellas miradas solo fueron desconectadas cuando, repentinamente, Ryu empezó a llorar. Haruka perdió contacto visual con el sujeto y se concentro en su pequeño sobrino Ryu.
– ¿Qué pasa Ryu? –Haruka se inclino hacia él para verlo. El pequeño solo tenía una hoja de árbol en la frente que le molestaba, Haruka se la quito y el bebe se tranquilizo de inmediato.
– ¿Está bien el pequeño? –se acerco Byakuya, más llamado por la presencia de Haruka que preocupado por el enclenque.
– Sí, solo tenía una hojita en la cara. –le sonrió Haruka despreocupada.
– Bien.
Un par de tipos altos iban transitando por el parque, veían disimuladamente a Haruka y a Ryu, Byakuya lo noto enseguida y frunció levemente el ceño.
– Me parece que no está bien que salga usted sola a pasear con su hijo. –acoto Byakuya.
– No hay cuidado, vivo cerca. –le aseguro ella sin perder su tranquilidad.
– Podría llamar a su esposo para que venga a recogerla. –recomendó Byakuya al ver que los dos tipejos no se iban.
– Etto… no tengo esposo… ni novio. Estaré bien. –volvió a sonreírle y empezó a caminar lentamente, Byakuya le siguió el paso, interesado en lo que había dicho.
– ¿Ha dicho que no tiene esposo ni novio? –abordo un curioso Bya-kun.
– Sí, eso dije.
Byakuya pensó aquello por un momento. La chica se veía que era inteligente, valiente y amable, en ningún momento había sido grosera, además parecía muy cuidadosa con su pequeño hijo. ¿Ella sería la indicada? Una corazonada le decía que sí, que le dijera a esa chica que se conocieran más para, finalmente, cumplir lo que su abuelo Ginrei deseaba sobre que Byakuya consiguiera una esposa y descendencia. El pequeño fácilmente podría ser su hijo, a Byakuya no le daba problema adoptarlo. Pensó, egoístamente, que así mataría dos pájaros de un tiro.
– Me llamo Kuchiki Byakuya. –se presento él de manera respetuosa.
– Soy Ukita… -Haruka se detuvo de inmediato. Hacía mucho que no usaba el apellido Ukitake por miedo a que alguien la reconociera, así que se presento como regularmente lo hacían ella y sus hermanos. –Perdón, soy Shihoin Haruka. Y usted, ¿vive por aquí también?
– No. –negó Byakuya lentamente. –Mi casa está un poco lejos. Es en el área de Sakurakuzamori.
– ¿Nanda? Entonces usted debe ser una persona de mucho dinero. –admiro Haruka con sorpresa.
– Algo así. –contesto él con suma modestia.
– Si vive en Sakurakuzamori, entonces usted debe ser un empresario, normalmente los que viven en esa área lo son.
– Tiene razón, soy empresario, muy pronto heredare la empresa familiar Kuchiki.
– ¿Kuchiki Company? Waw, como no lo relacione antes. No puedo creer que esté caminando al lado de alguien tan importante. –sonrió Haruka. Byakuya no supo si aquello era halago o una broma así que solo le sonrió de medio lado.
– Y digame, ¿Qué ha sido de su esposo?
– Él… me dejo. –mintió, fue lo primero que se le vino a la mente.
– Que cobarde, está demostrado que no era un hombre. –musito Byakuya con algo de enojo, ¿Cómo alguien podía ser tan maldito para dejar sola a una chica tan bella?
– Sí, eso creo, je je.
– Supongo que es muy difícil para usted toda esta situación.
– No tanto, vivo con mis dos hermanos y ellos me ayudan, aunque… bueno, ahora que mi hermana y yo tenemos a nuestros respectivos bebes las cosas se pondrán un poco difíciles… ¡oh! Perdone, no sé por qué le estoy contando esto, disculpe mi atrevimiento. –declaro ella sonrojada.
– No se preocupe, todos tenemos problemas, hasta yo.
– ¿Hay algo que lo aflige?
– Sí, estoy preocupado por mi hermana menor. Mi abuelo no me heredara la empresa familiar si no consigo una esposa, de otro modo, todo pasara a manos de mi hermana menor, y no me crea egoísta pero, ella no quiere esa vida empresarial, solo es una joven que quiere estar tranquila. Últimamente este tema le ha preocupado mucho a ella al grado en que ha tenido insomnio.
– Oh, pobrecilla. Que mal pintan las cosas por su casa.
– Pero, creo que he encontrado la solución a mi problema. –Byakuya la miro de reojo.
– ¿Cuál es? –lo miro atenta.
– Usted.
– ¿Yo? –pregunto Haruka totalmente confundida.
– Usted está sola y necesita un padre para su hijo, yo solo necesito de una persona de confianza a mi lado. –exclamo Byakuya intentando sonar respetuoso, no fuera que la dama se ofendiera.
– ¿Qué cosas dice, Kuchiki-san? –se rió Haruka. –Por supuesto que eso no es una solución.
– Sé que es rápido, pero… ¿podría pensarlo? –suplicó Bya-kun.
– No está de pensarse… oh, ahí está mi hermano esperándome, con permiso. –se despidió Haruka avanzando más rápido hacia donde Kensei la esperaba.
Byakuya la vio alejarse con una mirada melancólica. Al fin le había interesado una chica y ésta no estaba dispuesta. Vaya suerte. Tenía que irse ya del parque, se hacía tarde, pero antes de eso tenía un par de problemas qué arreglar. Se dio la media vuelta y camino directo a los dos tipos misteriosos que estaban ahora sentados en una banca bajo un sauce llorón del parque.
– ¿A quién vigilan? –los miro con ojos entornados.
– ¿Nanda? ¿De qué demonios hablas, chico estúpido?
De 10 a 15 patadas después a cada uno, Byakuya logró hacer que aquellos dos hablaran.
– Solo queríamos el brazalete de la chica, es todo idiota! ¡Deja de querer romperme el brazo! –imploro uno de ellos mientras Byakuya no detenía la llave en la que lo tenía preso. Un transeúnte que había visto la escena, inmediatamente llamo a la policía y esta vino enseguida, apresando a los dos tipos y de paso hasta a Byakuya por alterar el orden público.
Byakuya no podía sentirse más patético encerrado en la celda de barrotes negros y, después de unos minutos pudo sentirse más patético cuando por fuera de la celda donde estaba, se apareció un decepcionado Kuchiki Ginrei.
– ¿Un Kuchiki encarcelado por alterar el orden público? –Ginrei lo miraba fingiendo suma vergüenza, porque por dentro estaba que se moría de la risa viendo la expresión de abatimiento y deshonra que tenía su nieto mayor.
– No merezco salir bajo fianza. –exclamó el pelinegro casi a punto de llorar de la vergüenza porque su abuelo se había rebajado a ir a verlo a la celda de la deshonra.
– Vamos, no seas dramático. –sonrió el viejo. –Ya he pagado tu fianza, afortunadamente ningún medio ha descubierto esto, sino, de veras que sí estaría enojado contigo y no te heredaría la compañía así me trajeras a 300 esposas.
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Kyoraku Shunsui marco por decima quinta vez en el día a su amigo Ichimaru Gin, pero nuevamente él no levanto el teléfono del apartamento.
– ¿Sigue sin contestar? –le pregunto Stark llegando a la sala.
– Sí, me preocupa. –declaro Shunsui pensativo.
– Tranquilo, seguramente está con Miyu-san.
– No lo creo. Ya habría llamado, me lo prometió desde ayer y Gin nunca a roto una promesa.
– En ese caso, ¿por qué no llamas a Miyu?
– También lo he intentado pero ella no contesta, ni su celular ni en la residencia Yamamoto. Supongo que iré a buscar a Gin en su departamento.
–Sería buena idea –dijo Stark encogiéndose de hombros.
– ¿Tú a dónde vas? –pregunto Shunsui al ver a su hermano tan cambiado y perfumado.
– Saldré un rato a divertirme, estoy aburrido. –exclamo y después se fue de la sala caminando a paso tranquilo.
Shunsui se quedó ahí en la sala, preocupado, imaginándose mil y un escenarios posibles para Gin. El chico era listo, él había descubierto que Yamamoto seguía con las investigaciones terroríficas que una vez expuso y que fueron rechazadas. ¿Yamamoto no habría descubierto a Gin, verdad? No, Ichimaru Gin era un chico prodigio, un tipo listo, no se dejaría descubrir tan fácilmente.
Haber, solo necesitaba concentrarse. Ayer, cuando se fue, lo último que dijo fue que tenía que salir porque Miyu lo necesitaba. ¿Sería acaso que Miyu-chan…?
– Shunsui-nii. –lo llamo Soi Fong haciéndolo volver a la realidad. El hombre de cabello castaño ondulado volteo a verla. –Saldré por un momento, ¿podrías prestarme tu carro?, Stark y Szayel se han llevado los demás autos y solo queda el tuyo.
– Lo siento, Soi Fong, justo ahora tengo que salir a buscar a Gin.
– ¿A Gin? ¿No te respondió? –inquirió Soi Fong preocupada inmediatamente.
– No, por eso iré a ver si está en su departamento.
– Te acompaño. –agrego Soi enseguida.
– No. –dijo él rotundamente en un tono de voz al que no se le podía discutir. –Puedes contratar algún servicio de limusina o algo así. Regreso luego, y tú, llega temprano.
Soi Fong lo vio irse. Shunsui estaba serio, no había sido amable con ella como solía serlo siempre y la razón para que hiciera eso era que su preocupación debía estar fundamentada en algo serio y de cuidado. Ella esperaba que Gin estuviera bien, él siempre se había comportado de manera cortes con ella cuando estuvieron juntos en la universidad, de alguna manera le estimaba, Gin era como de la familia, pues solía asistir a las reuniones familiares de ellos, a la barbacoa que hacían todos los domingos junto a los Kurosaki.
La chica de cabello corto esperaba que el próximo domingo, la tradición no se rompiera. Que todos asistieran sin excepción como venía siendo desde hace años.
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No podían darse tantos lujos, así que Haruka e Izui compartían un cuarto donde tenían sus respectivas camas gemelas, una con el edredón lila y otra de color azul claro. La parte de Haruka estaba ordenada, tenía los libros bien acomodados en el estante y sus cajones de ropa estaban bien cerrados, su cama azul estaba pulcra mientras que Izui tenía libros y cuadernos regados en el piso, unos sobre otros en el peinador, mientras solo algunos estaban en el estante donde los demás deberían de estar, además, en su cama estaban un montón de suéteres y pantalones sin colgar, pero que no le estorbaron a la hora de querer dormir aquel día.
– ¡Estoy oficialmente muerta! –Izui se dejo caer a la cama con pesadez y un cansancio como si la hubieran hecho trabajar días enteros. – Jesús, pensé que esa niña no se iba a dormir con nada, menos mal que Kensei pudo comprar leche materna.
Haruka sonrió al ver a su hermana tan derrotada.
Estaban solas, las cunas las habían acomodado en el cuarto de Kensei ya que ahí había más espacio.
– Izui, hoy conocí a un chico de mi edad en el parque. –le confió Haruka volteada de lado.
– ¿Y luego? –la animo Izui a que siguiera hablando.
– Bueno, casi creo que me pidió matrimonio. –confeso con vergüenza.
– ¿Cómo? –pregunto Izui, repentinamente emocionada con la plática. – ¡Cuenta, cuenta!
– Pues, me dijo que necesitaba una esposa para poder heredar su empresa, ¿sabes? No me lo creerás pero es el nieto de Kuchiki Ginrei de Kuchiki Company.
– ¡WTF! ¿Y qué le dijiste?
– Obviamente lo tiré al lucas, ¿Cómo crees que le iba a decir que sí a un perfecto desconocido?
– Ayyy, Harukita, serás mensaa! –se desespero Izui. –El tipo tiene millones y fácilmente pudo sacarnos de la pocilga donde vivimos.
– En primer lugar, esto a lo que llamas pocilga nos ha costado duro a Kensei y a mí, para que te enteres –reclamo un poco molesta. –Y en segundo lugar, jamás le hubiera dicho que sí de ninguna forma, no lo conozco y no tengo deseos de tratarlo.
– Bueno, bueno, tampoco era para que te sulfuraras. Pero… dime, ¿era guapo?
– Pues no cantaba mal las rancheras. –acepto de mala gana.
– ¡Te gustó, te gustó! –canturreo Izui.
– ¡Shhh! Desertaras a Maki. –la reprendió Haruka volteando a verla, pero luego le sonrió. –Bueno, tal vez si me gusto, no estoy segura.
– ¿Te imaginas casada con ese millonario? Nos resolverías la vida a Kensei y a mí, Haruka.
– Ese “nos” me suena a manada. –bromeó Haruka. –Bueno ya duérmete que mañana tenemos que hacer toda una planeación.
– ¿Planeación?
– Claro, te recuerdo que Kensei y yo trabajamos y tú tienes clases en la universidad así que vamos a tener que turnarnos para poder cuidar de los babys.
– Ahh~
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Miyu caminaba deprisa por los oscuros pasillos de la mansión Yamamoto. Eran tantos que se tenía que conocer a la perfección la casa para no perderse realmente. Por suerte, la ahora Yamamoto Miyu conocía aquella mansión mejor que la palma de su mano. Supo exactamente que pasillos tomar, cuando doblar la esquina y que escaleras bajar o subir cuando llamo al celular de Ichimaru Gin y éste no le contesto.
No, no le contesto, y eso era algo de cuidado. Gin siempre le respondía el teléfono a menos que algo le hubiera pasado, algo grave.
Miyu no tenía idea de donde pudiera estar, desde ayer había prometido venir a verla porque ella necesitaba que la consolara, se sentía muy sola sin sus niños. Aquella mañana le había marcado cientos de veces pero nunca contesto. Después, por la tarde, tuvo asuntos que atender en la empresa y, para que su abuelo no sospechara de la relación secreta que tenía con Ichimaru Gin, Miyu salió de la mansión hacia la empresa y se ocupo todo el día hasta ya bien entrada la noche.
Insistió un poco más al celular de Gin pero el resultado fue el mismo. Se sintió frustrada. ¿Dónde demonios estaba Gin?
Quiso llorar pero, como su abuelo decía, “llorar no es una opción”. Así que lo único que pudo hacer para consolarse, era el peligro. Sí, el peligro de volver a bajar al último piso de la mansión Yamamoto, un piso extremadamente grande que estaba bajo tierra donde se llevaban toda clase de investigaciones.
Aunque su abuelo se hubiera dado cuenta de que Miyu sabía lo del laboratorio subterráneo, él le tenía prohibido bajar. ¿Por qué? fácil, porque en el laboratorio estaba Toshiro, Miyu no sabía exactamente en qué parte y porqué, pero las posibles respuestas que tenía para eso no eran muy alentadoras. Yamamoto no quería que Miyu viera a Toshiro.
Miyu se había dado cuenta de que Toshiro nunca había huido de casa cuando un día, accidentalmente bajo al último piso y entro viendo todo un laboratorio lleno de tecnología, frío, con un grupo de personas yendo y viniendo, ese día Miyu se escabullo curioseando por ahí y entonces, alcanzo a escuchar aquel comentario proveniente del joven de gafas y extravagante cabello rosa.
– No puedo creer que Yamamoto tenga a su propio nieto encerrado aquí, hay que ser un verdadero hijo de pe*** para atreverse.
– Ni que lo digas, Szayel, ni que lo digas. –le había dicho un tipo de piel oscura y cabello rizado que respondía al nombre de Tosen.
Y desde que había bajado aquel día, Yamamoto dio serias instrucciones de que no dejaran entrar a su nieta al complejo. Eso sería un problema si Miyu no fuera tan ingeniosa. Solo tuvo que esperar a que alguien saliera del laboratorio, más específicamente una mujer, cuando aprovecho para darle un golpe en la nuca con un jarron de barro, dejándola inconsciente.
La chica lista se vistió con la ropa blanca de la tipa y luego la arrastro para esconderla en el primer cuarto que encontrara, pues en la mansión Yamamoto había muchas habitaciones vacías y sin usar. Miyu se puso una peluca y se maquillo de manera extravagante para esconder sus rasgos. Posteriormente entro al complejo fresca como una lechuga, actuando como una verdadera doctora.
El guardia la dejo pasar debido a la muy corta falda que llevaba… “hombres” pensó Miyu con fastidio pero siguió su camino.
Tenía que encontrar a Gin, no podía dejarlo así como así, lo amaba mucho, si seguía cuerda hasta ese momento era por él, por su adorado y querido Gin. De no ser por él hacía mucho que se habría rendido en aquella lucha secreta que tenía contra su abuelo.
Camino tanteando el perímetro y llego hasta un escritorio ordenado donde estaba una chica de gafas que tenía un gafete donde decía que se llamaba Lisa Yadomaru.
– Ohayo, me preguntaba si sabes dónde está Ukitake Toshiro. –le preguntó Miyu fingiendo otro tipo de voz, más seria y fina. Se puso de nervios, no sabía si la especie de secretaría que era Lisa le contestaría su pregunta o si notaría algo sospechoso y avisaría a su superior, pero para sorpresa de Miyu, la secre contesto:
– Está en el segmento H. –respondió la chica sin dejar de ver el ordenador donde tecleaba como si no hubiera un mañana.
– Ahh, claro… ¿y por donde está ese segmento H? –pregunto con nerviosismo. Lisa dejo de teclear y la miro con sospecha. –Ah, es que soy nueva. –se excuso con una risilla nerviosa.
– El segmento H está siguiendo ese pasillo –señalo. –Y… que yo sepa, no han contratado a nadie nuevo.
– Si, lo sé, me atrapaste, je je. Lo que pasa es que soy muy olvidadiza, no se lo digas a nadie, si? –le sonrió y después dio media vuelta, caminando lo más tranquila y despreocupada que pudo por el pasillo. Después pudo notar por un letrero que colgaba del techo que estaba en el segmento A.
Camino y camino y a medida que avanzaba tenía que atravesar compuertas que se abrían a su paso y que al entrar siempre estaba colgado el anuncio de qué segmento era.
Después de unos minutos, Miyu llego al segmento G y pudo notar a lo lejos las compuertas del segmento H. Camino tranquilamente pero para su sorpresa el segmento H no se abrió a su paso.
– Necesitas el código, nena. –le dijo un tipo altísimo de tez pálida como la leche y de cabello negro y largo, exquisitamente liso. – ¿Eres nueva, verdad?
– Etto… sí, lo siento, no sabía que se necesitaba código. ¿Puedes dármelo?
– ¿Dártelo? –el tipo rió momentáneamente. –Por supuesto que no. Es un código que solo los que deben saberlo, lo saben, ¿entiendes?
– Oh, no te lo sabes, ¿me equivoco?
– Te equivocas. –afirmo cambiando su actitud burlona por una de molestia y superioridad. – ¿Cómo te llamas, primor?
– Mi… Miyako. –tartamudeó.
Miyu no tenía miedo de nada, el flacucho ese primero se moría y después le tocaba un pelo a Miyu, quien desde pequeña había recibido clases de karate junto a sus hermanos. La chica tenía una muy buena teoría ahora, si el segmento H tenía el acceso restringido era porque ahí había algo importante y Toshiro era parte de ese algo importante. Hasta ahora, por todos los segmentos por los que había pasado, no había visto rastros de Gin, parecía que todo eran laboratorios con computadoras y diferentes materiales químicos y en ningún momento había visto algún animal para experimentar o algo así…
Miyu lo tenía decidido, entraría al segmento H costara lo que costara. Buscaría a Gin y vería la manera de que, si encontraba a Toshiro, sacarlo de ahí. Ese era el plan pero, antes de ponerse en acción, Miyu prefirió exprimir al idiota que tenía enfrente.
– Oye, ¿y qué hay adentro del segmento H?
– Haa, con que curiosa. –Nnoitra sonrió ampliamente. –El segmento H, el último segmento, el mítico segmento negro… -suspiró. –Solo cierto grupo de doctores tienen acceso a entrar ahí. –Miyu se dio cuenta de que Nnoitra divagaba y ella puso los ojos en blanco.
– Inútil, nunca has entrado, ¿cierto? –le dijo Miyu.
– Nou –casi lloro el buen Nnoitra.
– ¿Y no tienes curiosidad de saber qué hay ahí? ¿Eh? ¿No quieres saberlo, no quieres intentar averiguar el código? ¿Qué dices? Será nuestro secreto. –lo persuadía exitosamente. –Un doctor como tú se lo merece, no deberían tener secretos contigo, ¿no lo crees? Mereces saber lo que hay adentro tanto como los demás. ¿Qué decides?
– Yo… -Nnoitra cayó redondito. –Ok, ok, me dejo seducir por la curiosidad. –susurro sin que nadie lo oyera. –Hay que averiguar el código, chaparrita, ¡let’s go! –le indico a que caminaran por un pasillo. –Si queremos saber el código, entonces debemos sacárselo a un doctor idiota, y yo conozco a un doctor idiota que se sabe el código.
Miyu siguió a ese loco, no había más remedio.
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Shunsui no consiguió que alguien le abriera la puerta del departamento, en otras palabras, Gin no estaba. Tuvo que explicarle parte de la verdad al gerente de los departamentos para que accedieran a abrirle el departamento de su amigo, y luego, Shunsui entró.
El departamento estaba en penumbras, así que Shunsui buscó el apagador. Lo encontró unos pasos más adentro y enseguida todo se ilumino dejándose ver el revoltijo que había en el departamento. Todo estaba destrozado, tirado, hecho jirones. Que shunsui recordara, Gin era un enfermo mental a la hora de tener su departamento perfectamente limpio y ordenado, Gin no habría sido capaz de dejar el departamento como si una estampida hubiera pasado por ahí.
No. Alguien había entrado ahí buscando algo. Pero, ¿quién? ¿y qué estaba buscando? Y lo que fuera que estuviera buscando, ¿lo había encontrado?
La cerradura de la puerta estaba en perfecto estado, así que el sujeto que había entrado allí no había tenido que usar violencia porque tenía la llave.
Shunsui dio unos pasos más para explorar las demás habitaciones, hechas jirones como las demás, y no encontró nada que le dijera dónde estaba Gin o qué había pasado con él. Y de todas formas, no creía que fuera a encontrar alguna pista por ahí, Gin era demasiado cuidadoso con sus cosas.
– ¿Dónde te habrás metido, amigo Gin? –murmuro Shunsui viendo aquel desastre.
– ¿Quiere que notifique a la policía, señor? –le pregunto el empleado que había abierto la puerta.
– Hágalo, por favor.
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Los días pasaban en el modesto departamento donde vivían los tres Ukitakes. Todos en casa estaban estresados. Kensei estaba a punto de perder el trabajo e Izui de reprobar toda una materia por lo mismo de que tenían que salir del trabajo o de la universidad para cuidar de los bebes. La pobre Haruka ya hasta había sido despedida.
– ¿Qué vamos a hacer? Estoy a un pelo de que mi jefe me eche de patitas a la calle. –musito Kensei.
– No me cagues tus cosas, Kensei. –se molesto Haruka. –Yo tampoco sé que hacer.
– Hay que buscar a Gin, esto no puede seguir así. –opino Izui cargando a una extrañamente tranquila Maki.
– Izui, le prometimos que cuidaríamos a… -dijo Haruka.
– Ya lo sé, Haruka, pero no podemos, NO. Yo tengo que terminar mis estudios, y ustedes tienen sus trabajos… bueno, tú ya no. –se refirió a Haruka. –Y no podemos pagar una guardería.
– Llevémoslos al clan Shihoin. –dijo Kensei.
– ¿Y qué les diríamos? –dijo Haruka. – “Oh clan Shihoin, aquí les traemos estos bebes que son de Miyu pero que Miyu nos los dio, cuídenlos por nosotros, gracias”. ¡No! El clan de mama es demasiado tradicional, nos matarían, nos colgarían del palo más alto.
– ¿De la torre de Tokio?
– Cállate, Izui. –dijo Haruka de mala gana. –No estamos para tus bromas.
– Insisto, hablémosle a Gin. –reitero Izui.
– Que no, Gin ya tiene suficientes problemas con Miyu y el abuelo. –le respondió Haruka.
– Entonces no hay otra más que enfrentar al clan Shihoin. –exclamo Kensei.
– No van a querer a estos niños porque están fuera del matrimonio, Kensei. –dijo Haruka, preocupada.
– ¡Esto me estresa! –dijo Izui. –No hay más, hay que hablarle a Gin.
– ¡Que no le vamos a hablar a Gin, maldita sea, ya cállate! –vociferó Kensei.
– ¡No me calles, maldito pelo descolorido!
– ¡Es el color del cabello de nuestro padre y nuestro hermano, te recuerdo!
– ¡Supéralo, nenaza!
– ¡No me contestes así, Izui!
– ¡¡YA BASTA LOS DOS!! –grito Haruka fuertemente. –Gritarnos no va a resolver nada.
– ¡Pues estoy harta de este tipo! –grito Izui refiriéndose a Kensei. –Y estoy harta de tener que cuidar a unos niños que ni siquiera son míos, no tengo que cuidarlos y NO voy a cuidarlos. Si los malnacidos de Gin y Miyu los trajeron al mundo, que los cuiden y los protejan E-L-L-O-S. –dijo entre dientes, furiosa, depositando a Maki en los brazos de Kensei y saliendo a pasos agigantados por la puerta del departamento, dejando oír un tremendo portazo.
Después de todo aquel zafarrancho, Ryu y Maki parecían asustados, no lloraban, solo se mantenían aturdidos. Haruka soltó un sonoro suspiro.
– Bien, esto no puede ir mejor. –dijo la pelinegra. –Ahora Izui se ha enfadado enserio.
– Como se atreve… -gruño Kensei.
– Cálmate. –lo detuvo ella. –Recuerda que antes de Miyu, Izui es la hermana menor. Es muy joven aún, es normal que se sienta sobrepasada por la situación, debemos entenderla Kensei. Tan solo es un año mayor que Miyu.
– Sí… creo que tienes razón. –se sereno el peli-blanco.
– Como sea, creo que ya tengo la solución. –agrego Haruka con cansancio.
– ¿Ah sí? –Kensei la miro confundido.
– Síp. –se encogió de hombros. –Quien es nuestra solución tiene nombre y apellido: Kuchiki Byakuya. –sonrió casi sin fuerzas.
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Y bueno, hasta aquí el capítulo. Espero que te haya gustado Lucky n_n Personalmente, a mí me encanto, creo que hice este cap muy consistente :)
La canción de este capitulo es Shooting star de la bella voz de Amy Diamond, aquí el link del video :)

woow!! que padre!
ResponderEliminarque facil es de engañar Nnoitora(o como se escriba xD)
mmmm esa relacion entre Byakuya y Haruka, espero y resulte jajaajaj, con eso de que tiene un hijo :3
aww pero Ryu es un amor, Maki nose, pues casi siempre esta llorando xD
jajajaja Izui no es una buena madre :P
mmm espero Miyu, pueda hacer algo, y no se compliquen mas las cosas, y tambien espero que Gin este bien, y que Yamamoto no le hiciera nada, bueno espero actu :3